Terminó la cuadragésima tercera feria del verano en el Darién, con un agradabilísimo espectáculo taurino.
Días antes del inicio del mano a mano entre los toreros caleños Manolo Estrada y Ramiro Cadena, anunciado en los carteles, hubo un ambientazo indescriptible. Se respiro en el Darién por los cuatro puntos cardinales de su retícula urbana el oxigeno del atávico, cultural, ritual y artístico mundo de los toros; Poniéndose el turístico municipio vallecaucano a la vanguardia taurina, de cuantos existen en nuestro departamento.
Los residentes del Darién y los turistas venidos desde distintas regiones de Colombia, llenaron totalmente los tendidos hasta las banderas de la coquetísima y ciclópea plaza de toros Cívica de Calima el Darién, para ver el juego de los toros de herederos de don Abraham Domínguez Vásquez, desiguales en presentación y juego. Los dos primeros terciados; Los dos últimos exageradamente serios, con cuajo y romana. El primero escasísimo de fuerza, el segundo con tranco y calidad. El tercer toro, pronto se paro. El cuarto fue largo como un tren, rajado y complicado. Todos eso sí, con trapío, dignos de ser presentados en plazas de primera categoría. Promedió 434,25 kilos de peso.
Manolo Estrada tuvo una presentación en Calima teñida de mala suerte, al derrumbársele su primer toro debido a la visible cojera de su tercio anterior; después de salir de varas el defecto de irse de bruces fue mucho más acusado. Lo único que se le puede reseñar a Manolo es su saludo capotero, al dibujarles verónicas cadenciosas, lentas y templadas a sus dos adversarios. Con la muleta intento torearlo…-Bueno torearlo es un decir, porque no pudo, debido a la manifiesta debilidad del burel. No le halló sitio a la espada, y, por ello, su labor fue silenciada.
Poco o nada pudo hacer con el tercero de la tarde, segundo suyo, por que el toro no podía con su alma, se puso en actitud defensiva, incomodo y peligroso. Repitió el torero Manolo Estrada el libreto desacertado con los aceros toledanos. Al irse en busca del burladero, escucho pitos de la parroquia.
El segundo toro tuvo calidad excepcional, se arranco alegre y con el rabo en alto para empujar fuertemente al caballo. Ramiro Cadena lo lanceo a la verónica con la mano un tanto alta pero sin deslucir, ejecutó quites a la Navarra que tuvieron la aprobación del respetable. Tuvo Ramiro un inicio magistral de faena. A rodilla flexionada lo metió en la muleta dándole entidad y razón propia a cada muletazo, lo toreó alegre, más que nada con la mano derecha, oliéndose el aroma de la cadencia, el toro repitió y se vino a más, al final llegaron las giraldillas y las manoletinas, y también el pedido del respetable, para que no montara la espada y le perdonara la muerte al toro de nombre Distinguido, herrado con el numero 197 y con un peso de 405 kilos. Accedió lo solicitado el palco de Usía, para que el toro fuera devuelto al camión que lo trasladaría hasta los cercados donde nació y pació.
Cadena pasea por el ruedo de la plaza las dos orejas y el rabo simbólicos del toro indultado entre el delirio de la concurrencia.
Con el que cerró el festejo, cuarto de la tarde, alto de agujas y más largo que un tractocamión, inicia Ramiro una magistral faena, llevándose al pupilo de los hermanos Domínguez, de las tablas hasta la boca de riego del bien preparado ruedo castaño de la Cívica. A partir de allí, bajo muchísimo la temperatura, a tal punto que nos puso el maxilar a trepidar y el toro y la faena terminaron encogiéndose. Al final franqueo por segunda vez la puerta grande de la Cívica Calima el Darién, al salir en hombros de los jornaleros darienitas.
Reseña
Con tiempo aguachento y el domo celeste empañado y amenazante; Escenografía ambiental, que nos recordó el cuadro de torerillos realizado por el pintor español Ignacio Zuloaga Zabaleta. Con este decorado en Calima el Darién, la plaza se lleno hasta las banderas. Se corrieron cuatro toros de la dehesa de los calima de herederos de don Abraham Domínguez Vásquez, dispares de juego y presentación, indultado resultó por su calidad el corrido en segundo lugar.
Manolo Estrada (cielo y oro), silencio y pitos, pesado anduvo toda la tarde al no encontrarle el sitio a los aceros toledanos.
Ramiro Cadena (albo y oro), dos orejas y rabo simbólicos del toro indultado y silencio. Al final fue paseado en hombros y salio por la imaginaria puerta grande de la plaza de toros, propietaria del Benemérito cuerpo de Bomberos del Municipio de Calima el Darién.
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